13 de octubre

MARTES XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

LAUDES

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio. 

R. Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. 


HIMNO

Estáte, Señor, conmigo 

siempre, sin jamás partirte, 

y cuando decidas irte, 

llévame, Señor, contigo; 

porque el pensar que te irás 

me causa un terrible miedo 

de si yo sin ti me quedo, 

de si tú sin mí te vas.


Llévame en tu compañía 

donde tú vayas, Jesús, 

porque bien sé que eres tú 

la vida del alma mía;

si tú vida no me das

yo sé que vivir no puedo, 

ni si yo sin ti me quedo, 

ni si tú sin mí te vas.


Por eso, más que a la muerte 

temo, Señor, tu partida,

y quiero perder la vida

mil veces más que perderte;

pues la inmortal que tú das, 

sé que alcanzarla no puedo, 

cuando yo sin ti me quedo,

cuando tú sin mí te vas. Amén.


SALMODIA


Ant. 1. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.


Salmo 100

PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO

Si me amáis, guardaréis mis mandatos. (Jn 14, 15)


Voy a cantar la bondad y la justicia, 

para ti es mi música, Señor;

voy a explicar el camino perfecto:

¿Cuándo vendrás a mí?


Andaré con rectitud de corazón 

dentro de mi casa;

no pondré mis ojos 

en intenciones viles.


Aborrezco al que obra mal, 

no se juntará conmigo;

lejos de mí el corazón torcido, 

no aprobaré al malvado.


Al que en secreto difama a su prójimo 

lo haré callar;

ojos engreídos, corazones arrogantes 

no los soportaré.


Pongo mis ojos en los que son leales, 

ellos vivirán conmigo;

el que sigue un camino perfecto, 

ése me servirá.


No habitará en mi casa 

quien comete fraudes; 

el que dice mentiras

no durará en mi presencia.


Cada mañana haré callar

a los hombres malvados,

para excluir de la ciudad del Señor 

a todos los malhechores.


Ant. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.


Ant. 2. No nos desampares, Señor, para siempre.


Cántico. Dn 3, 26-27. 29. 34-41

ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO

Arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados. (Hch 3, 19)


Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, 

digno de alabanza y glorioso es tu nombre.


Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros 

y todas tus obras son verdad,

y rectos tus caminos,

y justos todos tus juicios.


Hemos pecado y cometido iniquidad

apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido. 

Por el honor de tu nombre,

no nos desampares para siempre, 

no rompas tu alianza,

no apartes de nosotros tu misericordia.


Por Abraham, tu amigo, 

por Isaac, tu siervo,

por Israel, tu consagrado, 

a quienes prometiste

multiplicar su descendencia 

como las estrellas del cielo,

como la arena de las playas marinas.


Pero ahora, Señor, somos el más pequeño 

de todos los pueblos;

hoy estamos humillados por toda la tierra 

a causa de nuestros pecados.


En este momento no tenemos príncipes, 

ni profetas, ni jefes;

ni holocausto, ni sacrificios, 

ni ofrendas, ni incienso;

ni un sitio donde ofrecerte primicias, 

para alcanzar misericordia.


Por eso, acepta nuestro corazón contrito, 

y nuestro espíritu humilde,

como un holocausto de carneros y toros 

o una multitud de corderos cebados;


que éste sea hoy nuestro sacrificio,

y que sea agradable en tu presencia:

porque los que en ti confían 

no quedan defraudados.


Ahora te seguimos de todo corazón, 

te respetamos y buscamos tu rostro.


Ant. No nos desampares, Señor, para siempre. 


Ant. 3. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.


Salmo 143, 1-10

ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Todo lo puedo en aquel que me conforta. (Flp 4, 13)


Bendito el Señor, mi Roca,

que adiestra mis manos para el combate, 

mis dedos para la pelea;


mi bienhechor, mi alcázar,

baluarte donde me pongo a salvo, 

mi escudo y mi refugio,

que me somete los pueblos.


Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?

¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? 

El hombre es igual que un soplo;

sus días, una sombra que pasa.


Señor, inclina tu cielo y desciende, 

toca los montes, y echarán humo,

fulmina el rayo y dispérsalos, 

dispara tus saetas y desbarátalos.


Extiende la mano desde arriba:

defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, 

de la mano de los extranjeros,

cuya boca dice falsedades, 

cuya diestra jura en falso.


Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, 

tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: 

para ti que das la victoria a los reyes, 

y salvas a David, tu siervo.


Ant. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.


LECTURA BREVE. Is 55, 1

Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.


RESPONSORIO BREVE

V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.


Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo, 

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo 

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos 

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo 

con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.


Para concedernos que, libres de temor, 

arrancados de la mano de los enemigos, 

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, 

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación, 

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, 

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla 

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos 

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 

Como era en el principio, ahora y siempre, 

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.


PRECES

Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del día, reavivando con ello nuestra esperanza. Invoquémosle, pues, diciendo:


Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.


Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,

te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento y la inmortalidad.


Danos, Señor, un corazón humilde

para que vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.


Infunde tu Espíritu en nosotros, tus siervos,

para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.


Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo,

haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos.


Se pueden añadir algunas intenciones libres.


Ya que Dios nos muestra siempre su amor de Padre, velando amorosamente por nosotros, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.


Oración

Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza que brota de nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN

Si preside el obispo, un sacerdote o un diácono:

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie vuestro corazón y vuestra inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

* * *

Puede usar también la bendición común:

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

* * *

Si se despide a la comunidad, se añade la invitación:

V. Podéis ir en paz. R. Demos gracias a Dios.

* * *

En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.