20 de junio

SANTA MARÍA EN SÁBADO

Memoria libre

LAUDES

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio. 

R. Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. 


HIMNO

María, pureza en vuelo, 

Virgen de vírgenes, danos 

la gracia de ser humanos 

sin olvidarnos del cielo.


Enséñanos a vivir, 

ayúdenos tu oración, 

danos en la tentación 

la gracia de resistir.


Honor a la Trinidad

por esta limpia victoria, 

y gloria por esta gloria

que alegra a la humanidad. Amén.


SALMODIA


Ant. 1. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.


Salmo 118, 145-152


Te invoco de todo corazón;

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes; 

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, 

esperando tus palabras.


Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, 

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia, 

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores, 

están lejos de tu voluntad.


Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos 

los fundaste para siempre.


Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.


Ant. 2. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.


Cántico. Sb 9, 1-6. 9-11

DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente… ningún adversario vuestro. (Lc 21, 15)


Dios de los padres y Señor de la misericordia, 

que con tu palabra hiciste todas las cosas,

y en tu sabiduría formaste al hombre, 

para que dominase sobre tus creaturas,

y para que rigiese el mundo con santidad y justicia 

y lo gobernase con rectitud de corazón.


Dame la sabiduría asistente de tu trono

y no me excluyas del número de tus siervos, 

porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, 

hombre débil y de pocos años,

demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.


Pues aunque uno sea perfecto 

entre los hijos de los hombres,

sin la sabiduría, que procede de ti, 

será estimado en nada.


Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras, 

que te asistió cuando hacías el mundo,

y que sabe lo que es grato a tus ojos 

y lo que es recto según tus preceptos.


Mándala de tus santos cielos

y de tu trono de gloria envíala 

para que me asista en mis trabajos

y venga yo a saber lo que te es grato.


Porque ella conoce y entiende todas las cosas, 

y me guiará prudentemente en mis obras,

y me guardará en su esplendor.


Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.


Ant. 3. La fidelidad del Señor dura por siempre.


Salmo 116

INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Así es: los gentiles glorifican a Dios por su misericordia. (Rm 15, 8. 9)


Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos:


Firme es su misericordia con nosotros, 

su fidelidad dura por siempre.


Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.


LECTURA BREVE. Ap 12, 1

Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.


V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

R. El Señor está contigo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Alégrate, María, llena de gracia, has permanecido intacta.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Tú has engendrado, Virgen inmaculada, al que ha venido del cielo y has dado un Salvador al mundo; así nos ha sido devuelta la vida que habíamos perdido.


Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo, 

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo 

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos 

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo 

con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.


Para concedernos que, libres de temor, 

arrancados de la mano de los enemigos, 

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, 

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación, 

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, 

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla 

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos 

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 

Como era en el principio, ahora y siempre, 

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Tú has engendrado, Virgen inmaculada, al que ha venido del cielo y has dado un Salvador al mundo; así nos ha sido devuelta la vida que habíamos perdido.


PRECES

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:


Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.


Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente,

haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.


Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada,

líbranos de toda ocasión de pecado.


Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz,

por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.


Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre,

haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.


Se pueden añadir algunas intenciones libres.


Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.


Oración

Perdona, Señor, las culpas de tus fieles y haz que quienes no logramos agradarte con nuestros actos seamos salvados por la intercesión de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.


CONCLUSIÓN

Si preside el obispo, un sacerdote o un diácono:

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie vuestro corazón y vuestra inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

* * *

Puede usar también la bendición común:

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

* * *

Si se despide a la comunidad, se añade la invitación:

V. Podéis ir en paz. R. Demos gracias a Dios.

* * *

En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.