21 de abril

MARTES III DE PASCUA

O bien: San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia (ml); Liturgia de las Horas, tomo II, página 1651.


LAUDES

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio. 

R. Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


HIMNO

Estaba al alba María, 

porque era la enamorada.


«¡María!», la voz amada.

«¡Rabbuní!», dice María.

El amor se hizo un abrazo 

junto a las plantas benditas; 

las llagas glorificadas

ríos de fuego y delicia; 

Jesús, esposo divino, 

María, esposa cautiva.


Estaba al alba María,

para una unción preparada.


Jesús en las azucenas 

al claro del bello día.

En los brazos del Esposo 

la Iglesia se regocija.

¡Gloria al Señor encontrado, 

gloria al Dios de la alegría, 

gloria al Amor más amado,

gloria y paz, y Pascua y dicha! ¡Aleluya!


Estaba al alba María,

es Pascua en la Iglesia santa. ¡Aleluya! Amén.


SALMODIA


Ant. 1. Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya.


Salmo 84

NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA

Dios bendijo a nuestra tierra cuando le envió el Salvador. (Orígenes)


Señor, has sido bueno con tu tierra, 

has restaurado la suerte de Jacob,

has perdonado la culpa de tu pueblo, 

has sepultado todos sus pecados,

has reprimido tu cólera,

has frenado el incendio de tu ira.


Restáuranos, Dios, salvador nuestro; 

cesa en tu rencor contra nosotros.

¿Vas a estar siempre enojado,

o a prolongar tu ira de edad en edad?


¿No vas a devolvernos la vida,

para que tu pueblo se alegre contigo?

Muéstranos, Señor, tu misericordia 

y danos tu salvación.


Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos

y a los que se convierten de corazón».


La salvación está ya cerca de sus fieles, 

y la gloria habitará en nuestra tierra;

la misericordia y la fidelidad se encuentran, 

la justicia y la paz se besan;


la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo; 

el Señor dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.


La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos.


Ant. Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo. Señor, se alegra contigo. Aleluya.


Ant. 2. Confiamos en el Señor; él nos dará la luz y la paz. Aleluya.


Cántico. Is 26, 1-4. 7-9. 12

HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO

La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras. (Ap 21, 14)


Tenemos una ciudad fuerte,

ha puesto para salvarla murallas y baluartes:


Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, 

que observa la lealtad;

su ánimo está firme y mantiene la paz, 

porque confía en ti.


Confiad siempre en el Señor,

porque el Señor es la Roca perpetua:


La senda del justo es recta.

Tú allanas el sendero del justo;

en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, 

ansiando tu nombre y tu recuerdo.


Mi alma te ansía de noche,

mi espíritu en mi interior madruga por ti, 

porque tus juicios son luz de la tierra,

y aprenden justicia los habitantes del orbe.


Señor, tú nos darás la paz,

porque todas nuestras empresas 

nos las realizas tú.


Ant. Confiamos en el Señor; él nos dará la luz y la paz. Aleluya.


Ant. 3. La tierra ha dado su fruto: que canten de alegría las naciones. Aleluya.


Salmo 66

QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Sabed que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. (Hch 28, 28)


El Señor tenga piedad y nos bendiga, 

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos, 

todos los pueblos tu salvación.


¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, 

que todos los pueblos te alaben.


Que canten de alegría las naciones, 

porque riges el mundo con justicia, 

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.


¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, 

que todos los pueblos te alaben.


La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios. 

Que Dios nos bendiga; que le teman 

hasta los confines del orbe.


Ant. La tierra ha dado su fruto: que canten de alegría las naciones. Aleluya.


LECTURA BREVE. Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Y durante muchos días se apareció a los que con él habían subido de Galilea a Jerusalén: éstos, efectivamente, dan ahora testimonio de él ante el pueblo. Y nosotros os damos la buena nueva: la promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido él ahora con nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy».


RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Os lo digo con toda verdad: Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Aleluya.


Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo, 

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo 

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos 

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.


Para concedernos que, libres de temor, 

arrancados de la mano de los enemigos, 

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, 

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación, 

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, 

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla 

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos 

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 

Como era en el principio, ahora y siempre, 

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Os lo digo con toda verdad: Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Aleluya.


PRECES

Alabemos a Cristo, que con su poder reconstruyó el templo destruido de su cuerpo, y supliquémosle:


Concédenos, Señor, los frutos de tu resurrección.


Cristo Salvador, que en tu resurrección anunciaste la alegría a las mujeres y a los apóstoles y salvaste al universo entero,

conviértenos en testigos de tu resurrección.


Tú que has prometido la resurrección universal y has anunciado una vida nueva,

haz de nosotros mensajeros del Evangelio de la vida.


Tú que te apareciste repetidas veces a los apóstoles y les comunicaste el Espíritu Santo,

renuévanos por el Espíritu consolador.


Tú que prometiste estar con tus discípulos hasta el fin del mundo,

quédate hoy con nosotros y sé siempre nuestro compañero.


Se pueden añadir algunas intenciones libres.


Concluyamos nuestra oración, diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro maestro: Padre nuestro.


Oración

Señor, tú que abres las puertas del reino celestial a los que han renacido por el agua y por el Espíritu Santo, acrecienta en tus hijos la gracia que les has dado, para que no se vean privados de tus promesas los que han sido ya purificados de sus culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN

Si preside el obispo, un sacerdote o un diácono:

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie vuestro corazón y vuestra inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

* * *

En lugar de la bendición anterior, puede usar la bendición solemne propia:

V. El Dios, que por la resurrección de su Unigénito os ha redimido y adoptado como hijos, os llene de alegría con sus bendiciones. R. Amén.

V. Y ya que por la redención de Cristo recibisteis el don de la libertad verdadera, por su bondad recibáis también la herencia eterna. R. Amén.

V. Y, pues confesando la fe habéis resucitado con Cristo en el bautismo, por vuestras buenas obras merezcáis ser admitidos en la patria del cielo. R. Amén.

V. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R. Amén.

Puede usar también la bendición común, como sigue:

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.

V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

* * *

Si se despide a la comunidad, se añade la invitación:

V. Podéis ir en paz. R. Demos gracias a Dios.

* * *

En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.